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6 may 2020

SALUD MENTAL Y COVID-19

Paco Alcántara entrevista a José María Álvarez en Radio 5 a propósito de la atención de Salud Mental a los afectados por el Covid-19(Entrevista en la Otra psiquiatría)

Entrevista de Paco Alcántara a José María Álvarez a propósito de la atención de Salud mental a los afectados por el Covid-19, tanto a los enfermos y familiares como a los sanitarios.
Esta entrevista se realizó el 31 de marzo de 2020 y se emitió en los informativos de Radio 5, el día 1 de abril. Aunque no ha pasado mucho tiempo desde entonces, son muchas las cosas que han sucedido en apenas un mes. Por eso conviene situarla en su contexto, dado el frenético discurrir de acontecimientos que hacen de ayer un pasado casi lejano.

¿Cómo habéis preparado el dispositivo de asistencia de Salud Mental?
Aunque sorprenda, se comenzó a preparar desde el principio. Incluso antes del encierro ya estábamos perfilando estrategias. Ya sabíamos que una pandemia es también una pandemia de miedo y angustia, y nosotros nos ocupamos de eso, así que comenzamos a definir las distintas acciones a acometer. Suponíamos que más tarde o más temprano, los sanitarios que están a pie de obra, aunque son personas muy curtidas y valerosas, comenzarían a resentirse. Opinábamos también que los propios contagiados y sus familiares se angustiarían. Y estábamos seguros además de que la pandemia de inquietud y miedo, no digo angustia en sentido estricto, se extendería paulatinamente.
Llevamos unas semanas de actividad frenética, preparando guías de salud mental para afectados del Covid-19, tanto de sanitarios como de enfermos y también se han elaborado algunas encuestas para valorar el impacto del confinamiento en la población general.
Por otra parte, la atención clínica se mantiene, aunque con algunas variaciones. Por ejemplo, siempre que se pueda hacer los seguimientos y tratamientos por teléfono o videollamada, se hacen; cuando no, se sigue haciendo presencial, cara a cara. Nunca habíamos vivido algo así y tenemos que ir inventando sobre la marcha, sin perder el norte.
Finalmente, conforme a las directrices del Jefe de Servicio, Manuel Franco, se dividió la plantilla en dos grupos separados, de manera que no entráramos en contacto unos con otros. Si se daba el caso de que alguno se contagiaba y arrastraba con él a la cuarentena a sus compañeros, el grupo no contagiado se ocuparía de los quehaceres de los confinados. Es la forma de mantener la actividad clínica y evitar un eventual cierre de un servicio completo.
Como decía, llevamos trabajando en estos proyectos desde los primeros signos de la crisis. Los que trabajamos en salud mental ya sabíamos que este virus se acompañaría de inquietud, miedo, angustia y depresión. Se nos había olvidado que tenemos los pies de barro. El Covid-19 viene a recordarnos nuestra condición de mortales. Y ahí estamos nosotros para echar una mano.
¿Cómo afecta el confinamiento a los pacientes?
Depende de cada uno y dependerá del tiempo que dure el confinamiento; además, depende de la compañía con la que se esté confinado y del tipo de habitáculo. Son muchas variables, porque la condición humana es muy variable y lo que a uno le vale, no le vale al de al lado. Por lo general, no obstante, se suele decir que en el confinamiento aumentan ciertos estados ansioso-depresivos, como la tristeza, la desidia o el sentimiento de incapacidad, la irritabilidad, el insomnio, la ira, la dificultad para la concentración y el agotamiento emocional. Hay quienes se hunden y quienes se activan en exceso. La condición humana reacciona de formas distintas ante la angustia y cada uno la combate a su manera, como mejor le funciona.
En cuanto a los pacientes que atiendo en el hospital, en su mayoría están más acostumbrados que los demás a la soledad. Aunque estén trastornados, no son de mantequilla. Ni son unos descerebrados. Al contrario, en su mayoría saben lo que se está cociendo y están donde tiene que estar. Como digo, ellos son esencialmente solitarios y están más preparados para el enclaustramiento que muchos de nosotros, que no podemos pasar sin una palabra amable, un abrazo o una sonrisa. La locura es esencialmente solitaria. Quizá demasiado solitaria. De ahí que el confinamiento para ellos sea una continuidad más que una novedad. Por eso nosotros estamos ahí, para que no se descuelguen demasiado y puedan regresar. Estamos al quite, hablamos con ellos casi a diario, actuamos en caso de necesidad y respondemos siempre que nos llaman.
¿Qué consejos hay que dar a los familiares?
Por lo general, los familiares ya saben cómo actuar con sus hijos, hermanos, esposos o padres. Como decía, hay a quien le va bien una rutina y a quien la rutina le desquicia. A cada persona, lo que le conviene. Y lo que le conviene es lo que le funciona. Sin embargo, como regla general es recomendable que no se les transmita más angustia. Al contrario, lo que corresponde es informar sin cargar las tintas y transmitir esperanza. Ahora bien, es necesario que quien informa sea prudente y sobre todo crea que hay esperanza. Hay momentos en que más nos vale tener un ojo abierto y el otro medio cerrado. En los momentos más críticos basta con mirar la puntera de los zapatos y no perderse en quimeras remotas. En esos instantes, centrarse en pasar el día a día ahorra bastantes sinsabores. Pero eso sólo vale para las coyunturas críticas. Cuando uno se ha recuperado, es necesario tener algún plan o algunos planes o deseos a largo plazo (terminar un artículo, participar en una carrera, viajar a Buenos Aires, etc.). Porque esos anhelos nos abren la puerta al futuro y ese futuro es lo que empuja en el presente, día a día.
¿Han aumentado las consultas y llamadas?
El Servicio de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Río Hortega está, por el momento, en segunda línea, atendiendo a los pacientes de siempre y entrando progresivamente en acción. Nosotros hoy somos necesarios, pero mañana seremos absolutamente imprescindibles. La planificación está hecha y comienza a desplegarse. Tendremos que atender a muchos sanitarios que se han desbordado y están sobrepasados de angustia, temor, depresión y sinsentido; atenderemos cada vez a los enfermos de Covid-19 y sobre todo a sus familiares; atenderemos, desde luego, a las familias que han perdido a uno de sus integrantes y no han podido hacer un duelo como se hace habitualmente, un duelo saludable, en presencia del finado, entre lloros y en compañía de los próximos. Las consultas y las llamadas llegarán paulatinamente y prevemos que serán muchas y durante mucho tiempo; y a ello habrá que sumar las consecuencias de la crisis económica y su afectación psicológica. En esos momentos nos tocará arremangarnos a nosotros.
Ahora bien, nos conviene respetar el tempo y la estructura mínima de la relación terapéutica. Quiero decir que nosotros nos ofrecemos y permanecemos a la espera, dispuestos a echar una mano, de manera que sean los potenciales pacientes quienes nos pidan atención. Con los compañeros del hospital, que son sanitarios muy correosos, sería gastar munición a lo bobo si nos precipitáramos y comenzáramos a pasarles la mano por el lomo del narcisismo antes de que tiempo y les insinuáramos que están algo depreso ansiosos. Y con la gente de la calle, lo mismo. Como en otras ocasiones, la salud mental aguarda, en una espera activa, a que llamen a nuestra puerta y a partir de ahí comenzamos nuestro trabajo, un trabajo que ya ha sido planificado.
¿Cómo se hace el seguimiento ahora?
El funcionamiento del Servicio de Psiquiatría y Salud mental sigue siendo, en líneas generales, el mismo y atendiendo a los mismos pacientes y las mismas demandas que hace 15 días. Funcionan los mismos dispositivos que antes, salvo que nos vamos adaptando a lo que conviene en el presente y esto implica algunas reorganizaciones. Como decía, la consulta presencial se ha sustituido en buena medida por la videollamada, pero se sigue atendiendo a los pacientes como se hacía. No descuidamos la asistencia y tratamiento de nuestros pacientes habituales, menos aún de los que están más necesitados. Atender nuevas necesidades no implica desatender las antiguas. En estos momentos es necesario dar lo mejor de cada uno, mostrar la vocación que se nos supone y ser muy ingeniosos para hacer frente a lo novedoso. La mayor variación con respecto al inicio de la crisis no es asistencia, sino docente. Nuestro hospital y nuestro Servicio de Psiquiatría y Salud mental puede presumir de la docencia que imparte y atrae a un número sorprendente de residentes de Psicología clínica y de Psiquiatría de otros países del mundo. La docencia se ha resentido puesto que no podemos juntarnos. Pero desde la semana pasada se han reanudado los seminarios de supervisión de casos a través de una plataforma informática y paulatinamente iremos introduciendo el resto de materias y cursos. Es una forma de dar continuidad a la formación y de que los residentes se sientan útiles e partícipes de un grupo que está dando lo mejor de sí.
ver enlace :https://www.laotrapsiquiatria.com/2020/05/paco-alcantara-entrevista-a-jose-maria-alvarez-en-radio-5-a-proposito-de-la-atencion-de-salud-mental-a-los-afectados-por-el-covid-19

CREATIVIDAD ANTE LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

Irene Muñoz: La creatividad es nuestra mejor aliada ahora mismo (recogido por solidarios de la entrevista realizada para el blog la otra psiquiatria )

¿Cómo conectar emocionalmente con unos sanitarios que están trabajando en una situación extrema? La psiquiatra Irene Muñoz León, junto a otros especialistas del Hospital Río Hortega, dio con la clave: dirigirse a ellos a través de ilustraciones artísticas.
Irene Muñoz León es psiquiatra y psicoterapeuta con orientación psicoanalítica y ha colaborado en la elaboración de una guía para ayudar a los sanitarios a combatir la sobrecarga emocional que están viviendo.
Lo ha hecho junto a sus compañeros del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid y ocho artistas de la ciudad: Victoria Alonso, Cinta Arribas, Eloy Arribas, Paula Domingo (La niña), Estela Labajo Duque, Ana Nan, Chucho Nieto y Pablo Saulo.
Las ilustraciones de estos artistas han servido para hacer llegar recomendaciones a los sanitarios desde la emoción.
Hacerlo a través de ilustraciones era necesario para conectar desde esa parte humana que tanto nos está faltando,
nos explica Irene.
¿Cómo está afectando esta situación a nuestra salud mental?
Según los artículos publicados y el feedback que estamos viendo en el hospital, la gran mayoría de la población está sufriendo ya insomnio. Es de las primeras cosas que aflora. También se experimenta mucha ansiedad, de forma basal o en forma de crisis o ataques de pánico. Es la respuesta que se genera ante una situación de descontrol, ante señales de alerta exteriores que se perciben como amenazantes.
Además, ahora está empezando a suceder lo que ya vieron los especialistas de la Salud Mental en China: tras tantas semanas de confinamiento se empieza a presentar en algunas personas desgaste emocional o incluso episodios depresivos con anhedonia, que es la falta de interés por cosas, situaciones o actividades que antes se experimentaban como placenteras. Esto también se denomina embotamiento afectivo. Es muy angustiante porque la persona se da cuenta de que es incapaz de experimentar aquello que experimentaba previamente, y se siente vacía. Hay personas que ya están empezando a notar falta de energía, se sienten desvitalizadas.
¿Influye en ello que el confinamiento haya coincidido con la llegada de la primavera?
Sí. Aunque pueda parecer que la llegada del buen tiempo puede alegrarnos, lo cierto es que los trastornos afectivos suelen presentar un pico de incidencia en primavera, similar a lo que ocurre en otoño. Es una época en la que personas con ciclotimia, trastornos bipolares o depresiones unipolares pueden empeorar.
Además, el buen tiempo en el exterior, cuando no se puede acceder a él, puede aumentar la sensación de encierro.
¿Cómo librarnos de esta situación de agobio?
Hay dos mecanismos de defensa a los que los seres humanos estamos recurriendo durante esta crisis para protegernos: el humor y la sublimación, que son dos de los mecanismos de defensa que denominamos “maduros”.
Freud decía que la sublimación es uno de los mecanismos de defensa más potentes del que disponemos y, realmente, estamos viendo que en esta situación excepcional se ha activado un motor creativo potentísimo entre la población: la gente está pintando, cocinando, escribiendo…
Esta explosión creativa no responde solo al hecho de querer rellenar el tiempo: es una forma de autodefensa para liberar el malestar. Muchas personas se están empezando a sentir mejor a través de la expresión artística.
¿Por qué la creatividad nos puede ayudar tanto?
El otro día escuchaba varias entrevistas a escritores con motivo del Día del Libro. Muchos de ellos coincidían en una cuestión: están teniendo menos dificultades para adaptarse a este confinamiento porque están muy acostumbrados a conectar con su mundo interior y a generar historias que les permiten evadirse.
Cuando pintamos o imaginamos escenas generamos narrativas alternativas.
Nuestra imaginación nos saca momentáneamente de lo que estamos viviendo. Nos da un respiro. La mente tiene esta magnífica capacidad de hacernos salir de las cuatro paredes en las que estamos sin tener que cruzar la puerta de nuestra casa.
Este mecanismo se ve mucho en psicología en las personas abusadas, que suelen desarrollar una gran capacidad imaginativa porque es una salida a su sufrimiento. Lo cual no significa que eso no conlleve también sus contras, hablamos de disociación. Esto, en cierto modo, nos está ocurriendo también a nosotros ahora.
Es como si funcionáramos con dos partes diferenciadas dentro de nosotros mismos que nos permiten desconectarnos cuando existe demasiada carga emocional, sobre todo dolorosa. Así pues, lo que se está viendo en esta crisis es que el arte (o la cultura, en general) no es un lujo. Es una necesidad vital.
¿Por eso en la guía que se ha elaborado desde el Hospital Río Hortega de Valladolid se ha recurrido a las ilustraciones para acompañar psicológicamente a los sanitarios del hospital?
Era la forma más humana que se nos ocurría de hacerles llegar el mensaje. Los seres humanos nos comunicamos por medio de diferentes lenguajes cuando la comunicación es presencial: hay una comunicación verbal y otra no verbal. Pero en estos momentos las comunicaciones no son presenciales y el lenguaje escrito no llega de la misma manera.
Las ilustraciones son representaciones artísticas que nos dan la oportunidad de transmitir de forma visual, de darle al mensaje esa parte humana del código de la comunicación que nos está faltando en el texto.
Lo que nosotros explicamos con palabras, los ilustradores lo vinculan a una imagen y así el sentimiento viaja de persona a persona. La emoción se traspasa directamente.
Con las palabras hacemos que la emoción pase por el filtro de la escritura, y por ello no llega tan directamente.
Psicoanalíticamente hablamos de que el artista es capaz de vehicular su pulsión, generalmente más intensa, y despojarla de aquello que la hace excesivamente personal para que los extraños podamos gozar de ella. Es como si saltara de inconsciente a inconsciente.
Entonces, ¿se trata de arropar el mensaje?
Diría que es una forma de transmitir la emoción. Los ilustradores, en realidad, son personas que trabajan con emociones como materia prima. El resto de los mortales estamos más en el terreno de la representación domesticada, es decir, los sentimientos. Uno puede ver una obra y sentir sin ni siquiera saber anudar palabras a eso, y de eso es de lo que se trata precisamente. Tienen un bagaje sensitivo muy importante.
La psicología analítica sostiene que para que una terapia funcione no solo hay que poner en práctica lo aprendido en la universidad, hay que acompañar al paciente teniendo en cuenta las experiencias vitales que nos han sido prestadas en un momento determinado. Los artistas tienen una vida en comunidad muy rica, están en contacto directo con personas, con vivencias… Por eso su trabajo para transmitir las emociones resulta muy potente.
Una imagen vale más que mil palabras.
Desde luego. Por ejemplo, en una de las ilustraciones de la guía se representa muy bien cómo los sanitarios pueden estar enfrentándose a esta difícil situación de formas contradictorias. En la imagen se ve a una persona dividida en dos: a un lado se muestra imperativa, irritable; al otro, aletargado y confuso. El sanitario que se topa con ella, enseguida puede identificarse a un lado u otro. En un segundo entiende de qué manera le está afectando a él ese estrés.
También hay otra ilustración en la que se habla de la adaptación a la escucha. Se ve una figura sin orejas y otra sin boca en sintonía y donde la complementariedad suple la carencia. Es una manera muy potente de transmitir que cada persona tiene unas necesidades a la hora de compartir la emoción.
Como los sanitarios, muchas personas están necesitando ayuda emocional para superar esta situación. ¿Cómo podemos ayudarles?
Depende de la persona. Hay gente que piensa que se puede ayudar a todo el mundo por igual. Pero hay personas a las que le ayuda sentirse acompañadas pero no les gusta ser constantemente interrogadas. Algunas prefieren que hables con ellas y les preguntes. Otras no tienen dificultades para buscar ellas mismas un espacio y comunicar.
A veces solo necesitamos que nos recuerden que no estamos solos. Hay una ilustración en la guía que me parece preciosa que muestra la figura de un médico con un montón de dedos de colores por detrás, simbolizan manos. Es una metáfora muy bonita para explicarles que no deben sentir sensación de fracaso, que nadie les preparó para esto y que tienen el soporte de la población. Esa imagen reconforta. Yo misma la miro cuando me siento desbordada.
Sin embargo, hay que recordar que no solo se trata de dejarse ayudar, también hay que ayudarse a uno mismo. Entre el personal sanitario esta parte es básica, y se lo hemos querido transmitir.
¿De qué forma deben ayudarse?
El autocuidado es esencial. Es importante empezar la casa por los cimientos y no por el tejado. Si todos los días te marcas algunas rutinas, intentas dormir y comer bien y te concentras en algún objetivo sin intentar abarcar demasiado… es más probable que no llegues al colapso.
Es básico que se cuiden antes de sentir que están mal, que dejen momentos para la introspección: para pensar en cómo se sienten, para escucharse, para analizar las sensaciones que han ido sumando a lo largo del día, del confinamiento… Deben conectar la parte corporal con la emocional porque si no eso, a la larga, hace que la persona se disocie y no pueda funcionar.
A estas alturas del confinamiento, ¿los médicos dan muestra de esa disociación?
Al principio había tantos frentes abiertos y tanta dispersión que era muy importante para ellos poder centrar la atención para no llegar a una situación de fatiga mental y de colapso. La sensación de cansancio era elevada. Pero, por otra parte, el estar tan ocupados los desconectaba del plano emocional: estaban totalmente centrados en ser eficaces sin mirarse a ellos mismos.
Ahora algunos médicos, no todos ni mucho menos, empiezan a sufrir agotamiento emocional porque siguen en contacto con mucho sufrimiento y tensión pero el nivel de estrés se ha rebajado y ahora está empezado a aflorar en ellos la parte más psíquica.
Es lo mismo que suele ocurrir, por ejemplo, cuando se sufre un accidente. Al principio la persona puede entra en shock y no lo registra pero, una vez está fuera de peligro, de repente todo sale a la luz.
–¿Esta va a ser una experiencia traumática para muchos?
–No todo el mundo va a salir traumatizado de esta situación. Que una persona desarrolle un trauma, o no, dependerá de sus experiencias previas, de su situación, de sus características personales… El psicoanálisis defiende precisamente que una experiencia, sea la que sea, no es traumática por sí misma, ni traumatiza a todos por igual. En otras palabras, no hay un trauma típico y cada individuo presentará una reacción genuina y singular frente a una situación que puede ser traumática o no.
Será un error que, pasado este periodo, ante cualquier síntoma mínimo que presente una persona, se decida medicalizar. Ciertas personas podrían desarrollar un duelo, de las cuales algunas lo harán de forma patológica. Lo primero a hacer es acompañar con terapia psicológica y solo en pocos casos tratar psicofarmacológicamente.
La mayoría de las personas superará las posibles emociones que surjan con el tiempo. El ser humano tiene una capacidad de adaptación muy grande. Desde luego, las personas que se ocupen de sus emociones durante estos días tendrán más opciones de evitar el trauma.
¿Nos estamos ocupando de ellas?
Afortunadamente, estamos en un momento en el que se empieza a dar importancia a lo psíquico. Creo que la gente está concienciada de que es importante cuidar esta parte. Las personas están desarrollando la capacidad de conocer más sobre uno mismo, sobre lo que encierra su inconsciente, que es el principal objetivo de cualquier terapia de corte psicoanalítico.
La gente está en un momento de apertura y cuando las personas aprenden a conocerse mejor es más fácil que, si se presentan emociones debido al confinamiento, sepan gestionarlas mejor.
¿El haber tenido la oportunidad de conocernos mejor es el lado positivo de esta pandemia?
Espero que no sea el único aspecto positivo. Esta está siendo una oportunidad excelente para preguntarnos individualmente qué nos está pasando como sociedad.
Este virus nos ha obligado a volver a confiar, y no desde la fe sino desde la necesidad pura y dura, en lo colectivo. Porque aquí lo individual no funciona y no sirve absolutamente para nada. Habíamos perdido por completo el aparato psíquico colectivo y este virus ha hecho que lo recuperemos un poco.
Hemos experimentado un cambio en la velocidad de las cosas que íbamos necesitando. No nos podíamos permitir parar porque, en un mundo tan competitivo, capitalista y globalizado, si los demás no paraban, nos quedábamos atrás. El materialismo llenaba de objetos nuestra vida vacía y, de repente, hemos tenido que enfrentarnos con nuestro propio vacío para procurar llenarlo de algo que no fuera material.
Esta pandemia nos ha devuelto la oportunidad de conectarnos con nosotros mismos, de conocer a nuestros vecinos, a quienes viven al otro lado del rellano y que ahora nos saludan desde el balcón. Habíamos olvidado que necesitamos de lo cotidiano. Ahora realizamos llamadas a nuestros seres queridos a diario, cuando antes quizás no teníamos tiempo, o creíamos no tenerlo.
El discurso psicoanalítico aboga por eso, es una salida posible a la dinámica que veníamos siguiendo, ya que es capaz de generar un deseo genuino que sustituya al deseo de objetos o cosas que sostiene el capitalismo. Un psicoanálisis puede precisamente producir en un sujeto un cambio de su deseo que apuntará a otra dirección, y que es en último término lo que le mueve en la vida.
¿Qué vamos a hacer con todo esto? Estamos construyendo ya, desde la cuarentena, nuestro futuro. Y aquí vuelve a ser importante la imaginación: nos permite fantasear ya con la idea de cómo nos vamos a reinventar. Ya solo quedará ponerlo en práctica cuando todo esto pase, siendo las personas las verdaderas protagonistas de la historia.
ver enlace: https://www.laotrapsiquiatria.com/2020/05/irene-munoz-la-creatividad-es-nuestra-mejor-aliada-ahora-mismo/